28 nov 2010

Éramos tan jóvenes…


La primera vez que alguien te dice “señora” o “señor”, sentís que se te cae el mundo. Pareciera que es una clara señal de que dejaste de ser  lo suficientemente joven como para que todos te traten informalmente. Lamentablemente, estamos equivocados; ese no es un verdadero signo de vejez. El viejazo te aparece cuando lográs darte cuenta que tus ídolos de la adolescencia están más cerca de cobrar la jubilación que de subir una escalera sin palpitaciones.
Porque me siento vieja, acá va el top 5 de actores que se vinieron abajo. Malditos, deberían saber que si ellos se caen, nos arrastran a todos nosotros también. Pff.

1- Matt Damon
Mat Damon se está quedando pelado y se le arrugó la cara como si hubiera estado chupando limones los últimos 5 años. Las razones son un misterio. ¿Es acaso culpa de la dinastía Bourne? No lo sé. ¿Será su mujer argentina la que le chupó la vida? Quizá. Lo único que sabemos es que Ben Affleck tiene la misma edad y está hecho un pendex. Bue, más o menos.

¿Tiene dientes de vampiro?
 
2-  John Mayer
Éste estaba bueno. Ojo, nunca fue “wow!” pero si me lo cruzaba en una esquina no me iba a hacer la difícil. Ahora, si me lo encuentro en la calle, le tiro un billete de dos pesos y una sobre de sopa instantánea.

Uh, y encima se hace el peleador

3- Clive Owen
Nunca me gustó mucho este tipo, pero reconozco que tiene un cierto sex appeal que puede resultar atrayente- esa cosa de hombre con pelo en el pecho que ya no está para boludear. Y aunque su sexyness está desapareciendo con estilo, no es tanto lo que se vino abajo sino… cómo cada vez se parece mas a Tom Hanks. Me da un poco de impresión.

La Terminal a morir

4- Brad Pitt
Esto es triste. Lo peor de Brad Pitt no es que esté viniéndose abajo, sino que él se siente viejo. Y medio como que le juega en contra… El corte de pelo á la Zohan teñido de ese marrón mentiroso, sumado a la barba y el candadito de canas crean la ilusión de que está usando una gato en la cabeza. Peluca Pacino, tenés competencia, sabelo.

Peluca Pitt

5- Johnny Depp
Crisis absoluta. Nunca pensé que iba a llegar este momento. Si el amor imposible que tengo desde los 11 años está viejo y se viene abajo sin ningún tipo de estilo, entonces ¿qué me queda a mí? ¿QUÉ ME QUEDA? Se está empezando a parecer al huevero hippie que viene a ofrecerme castores.
Igual, no sé si es que me cuelgo mirando la foto o si es que estoy en negación, pero todavía está lindo, ¿no? Bah, qué se yo… La verdad, yo le doy igual.

Oh por dios

26 nov 2010

Prioridad: embarazadas

 

Comparto con ustedes la situación que mi amiga Sabri acaba de vivenciar en el supermercado:

Sabrina se dirigió a La Anónima a realizar algunas compras para la semana. Manoteó algunas cosas , pasó por la zona de las verduras (donde observó cómo una señora se morfaba un durazno y pateaba el carozo abajo de una góndola) y terminó por estacionarse resignadamente en la cola.

Sabrina era feliz, estaba en su mundo y David Guetta sonaba a todo volumen en sus auriculares. De golpe, un tipo entrado en años al otro lado de la caja le empezó a hacer señas. Ella, por supuesto, no entendía nada. El señor-mimo siguió con los gestos hasta que por fin le acertó a uno coherente: dibujó con la mano la forma de una panza. Chau. Para esta altura medio supermercado la miraba a mi amiga.

Sabri se dio vuelta y vio que la chica detrás de ella estaba embarazada. Educadamente, le dijo a la muchacha que le cedía el lugar, a lo que la embarazada -colorada como un tomate de la vergüenza- se lo rechazó. Sabrina insistió, y a pesar que la embarazada le aclaró que no hacía falta, mi amiga se lo dio igual. “No vaya a ser que me venga a buscar la seguridad del supermercado”, me confesó hace un rato.

Comparto esta anécdota porque muchos de ustedes deben vivenciar esto a diario, sobretodo los que habitan grandes ciudades.

No digo que esté mal, eh. Me parece que muchas veces uno está en la obligación de cederle el lugar a las personas con menor movilidad o, como en este caso, con un ser humano extra encima. Pero… hay casos en los que el deber ciudadano se mezcla con la exageración. Oh.

Tomemos el caso de Sabrina, quién no vio que tenía una embarazada detrás de ella porque no se dio vuelta para chusmear. ¿Acaso eso la hace una mala ciudadana que merece que su error sea marcado para que todos lo vean? Y de última, si la embarazada no quería el lugar y estaba bien como estaba, ¿por qué un un señor de canas tuvo que hacerla a ella también protagonista de la mitad de las miradas del supermercado? Y, aparte, de haberlo querido ¿la chica embarazada no tiene lengua como para hacerle notar a mi amiga el error y pedirle el lugar?

Yo sé lo que pasa acá.

La gente ve una embarazada y se vuelve loca. LOCA. No hay nada que genere más compasión que una chica con una panza de seis meses: ni los abuelos, ni los bebés, ni un perrito con tres patas, ni una propaganda de UNICEF. Nada. Y esta gente defensora, en su afán de sentirse ciudadanos modelos, lo único que logran la mayoría de las veces es hacer sentir como el culo a quién no se dio cuenta de que había una embarazada cerca, y hacer pasar vergüenza a la embarazada en cuestión.

Yo digo que los señores de canas y las señoras con bolsas de lona en el supermercado dejen de actuar como si fueran los Thundercats de la sociedad, y le pregunten de vez en cuando a la embarazada que quiere hacer. Porque -no sé si lo pensaron- pero por ahí, y a pesar de estar de siete meses, la embarazada quiere llevar una vida normal.

¡Hum!

25 nov 2010

Free like a cute little birdie!

 

  • Terminé con el estudio, hasta marzo del año que viene no toco nada. Ni compendios, ni fotocopias, ni libros de gramática o historia. Nah.
  • ¡Estoy feliz! Tan feliz que una vez más -y como ya los tengo acostumbrados- cambié el estilo del blog. A comerla, no puedo ir a comprarme nada porque es la una y media de la madrugada y esto es lo más cercano que tengo a estrenar algo nuevo. Me lo merezco.
  • Desde mañana me pongo a limpiar el chiquero; no ordeno desde hace unas tres semanas y el quilombo se esparció por la casa más rápido que el olor a asado. Tengo que buscarle la vuelta: hay cosas que son inguardables y terminan todas juntas, como discriminadas. Por ejemplo, sobre el desayunador hay una pseudo-canasta con pilas, una linterna, cinta scotch, una lamparita de 60 watts, un llavero viejo, marcadores, sahumerios y un par de lentes.
  • Al estar todo tirado, Mau (que tiene problemas para encontrar cosas) está más propenso a accidentes que nunca. El otro día, por ejemplo, se confundió la abrochadora con una perforadora y le tuvo que entregar las facturas a un cliente con un calado en forma de estrellita.
  • Bue, ya se me enfrió el té. Me retiro a mis aposentos, a soñar con el verano que se aproxima. Mañana será otro día, ya encontraré algo nuevo a que criticar.

 

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23 nov 2010

¿Como m***** funciona? Hoy: el kiosco del cine

 

El sábado fuimos a ver la nueva película de Harry Potter a la función trasnoche. Mientras hacía la cola, me escapé al kiosco del cine a comprar algo porque no había comido nada. Le pedí a la vendedora un agua y un paquete de pasas de uva con chocolate.

Vendedora: ¿Qué más?

Yo: Nada más.

Vendedora: ¡Mirá que cierro en media hora, eh!

Yo: No, nada más.

Vendedora: ¿Seguro? Pensalo, no vaya a ser que te agarren ganas de tomar algo o comer y ya no haya nada abierto.

Yo: No, con esto estoy, gracias.

Vendedora: ¿Seguro?

Yo: … (cara de orto)

Ahora bien, la actitud de la vendedora se materializó en la sala del cine. Por algo insistía, la zorra… Durante las dos horas y media que duró el film, la gente no paró de morfar. Paquetes de papas, de pochoclo, gaseosas, ruido de envoltorios de chocolates. Nunca pareció importar en que escena estuviese la película: la gente comía como si no hubiera mañana.

ticketsFrente a mi creciente furia, miles de pensamientos se me entrecruzaron en la cabeza. ¿Por qué la gente come en el cine? Según recientes estudios, se morfa más en la sala mirando una película de Angelina Jolie que en un tenedor libre. Evidentemente, algo pasa, porque va en crecimiento. Y sé que es culpa de los kiosquitos del cine.

A ver, desde que apareció el film que existe el vendedor de golosinas. Con el desarrollo de la sociedad consumista, llegó un momento en el que el señor que vendía maní con chocolate y pastillas Sugus entre las butacas fue reemplazado por un kiosco en el hall del cine. Ese kiosco eventualmente evolucionó en stand, y luego en puestito hecho y derecho en el que podés comprar desde un pancho hasta medio kilo de carne picada.

El tema es que no sólo se complejizó el tipo de snack, sino que la gente empezó a comprar cantidades más grandes de morfi. De un humilde paquete de pochoclo a dos, de una botellita de gaseosa a un balde y, desde ahí, maní, galletas, chocolates y… la perdición. Gula absoluta, el infierno, la violación de uno de los siete pecados capitales de los que tanto nos advirtió Brad Pitt. Pero, ¿se han preguntado por qué?

Pavlov, en los albores del siglo, descubrió el estímulo-respuesta: le daba de comer a su perro inmediatamente después de tocar una campana. Llegó un punto en el que la conducta del perro se modificó, y ya con el sólo escuchar de la campana, empezaba a babear. Gente, eso es lo que nos está ocurriendo, ¡conductismo puro! Morfi, película. Morfi, película. Película… morfi. Les apuesto un sándwich de milanesa a que estamos tan condicionados por el kiosquito del cine, que si nos paramos frente a un poster de Una noche en el museo, empezamos a babear. lobby

Ahí lo tienen. Todo programado desde el principio. ¡Quién sabe quién está detrás de esto! Las grandes industrias; el señor Warner o el señor Doritos, Jack Nicholson, Axel Kuschevatzky. Es un mercado gigante, millones de personas babeando al mismo tiempo, millones de personas morfando en el cine. Oh por dios.

Deberíamos haberlo sospechado desde el principio, es un método más viejo que la humedad. Pero los bastardos nos atraparon, como siempre.

18 nov 2010

Rebelión en la granja

 

El siguiente diálogo acaba de ocurrir entre el huevero hippie (señor que pasa cada 15 días vendiendo huevos) y yo.

Huevero hippie: ¿Necesitás huevos?

Yo: No, todavía tenemos. (Empiezo a entornar la puerta a modo de despedida.) ¡Gracias!

Huevero hippie: Perá, te hago una pregunta. ¿Te interesan los conejos?

Yo:

Huevero hippie: Si querés conejos, avisame y te traigo. Vivos, eh.

Yo: Ah, no, te agradezco. Ya tuve un conejo de chica.

Huevero hippie: Bueno, igual estos son para comer. Si te interesa comer conejo, te lo traigo. Eso sí, vivo.

Yo: No, no como conejo, le agradezco.

Huevero hippie: Ah, bueno. Tengo castor también, ¿no te interesa?.

Yo: No, solamente como carne de pollo y de vaca. No puedo matar un conejo, me da mucha pena.

Huevero hippie: ¿Y no te da pena la vaca?

Yo: No, porque no la mato yo. Aparte la vaca está parada ahí, con cara de boluda, medio predispuesta a que la maten de entrada.

Huevero hippie: Bue, el conejo también... Qué se yo, si te interesa conejo para vos, o por ahí para tu novio, avisame.

Yo: Sí, claro, sí. Le aviso.

Hum.

Les digo una cosa, ahora que están de moda los jugos saborizados, el agua mineral, el Tai Chi, la onda natural… esto es la posta. No hay nada más natural y orgánico que carnear un animal. Es más, por ahí asesinar un conejo con nuestras propias manos ayude a bajar un poco la ansiedad de la vida posmoderna.

Yo no lo voy a hacer porque tengo menos campo que Paris Hilton. Pero le voy a pasar el dato a mis amigos que hacen vida sana. Seguramente les va a encantar la idea.

 

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16 nov 2010

In the oven

 

Pequeña experiencia que viví hace un rato a través de la magia de la televisión:

Corté con el estudio cinco minutos y me puse a hacer zapping. Paré en el programa de Mirtha Legrand (ya arranqué mal), en donde estaba de invitada Lucila Solá (novia argentina de Al Peluca Pacino). Me quedé mirando, no sé porqué. Para chusmear, supongo.

Habló de su película (que es muy hedionda, debo decirlo), de como los yanquis flashean con los nazis refugiados en la Argentina (???) y de la gran re súper top amistad que comparten Peluca Pacino y Robert Deniro (oh por dios).

No le alcanzó con eso. Se puso a bromear con la idea de hacerle pata a Belén Franchese con Deniro, y salir junto con ella y Peluca a cenar. Una double date del horror, digamos.

Ay, Peluca. Vos eras un tipo serio…

 

La chalina no es seria tampoco

10 nov 2010

Se me terminó el hilo

 

Ufa. Me acabo de enterar con mucho dolor que es “ilación de pensamientos”, no “hilación de pensamientos”. Ya no puedo imaginarme que un hilo choricero cose mis ideas como una cadenita criolla; la RAE me mostró la dura realidad.

Odio cuando la ortografía mata la poesía.

 

carteles

9 nov 2010

De película

 

Me levanto temprano, tipo cinco y media. Apago el reloj despertador, voy al baño y me miro unos segundos en el espejo que se extiende a lo largo de la pared. Mientras me lavo los dientes, arrastro la mirada por los frascos de crema importada distribuidos alrededor de la pileta. El aroma del arreglo floral lo envuelve todo. Me doy una ducha rápida, me cambio –casual pero moderna- y bajo. Miro al pasar los cuadros de fotos en blanco y negro que están colgados en la pared. Llego a la planta baja, y entro en la cocina, pintada en un sutil tono pastel. Escucho un golpe afuera: seguro es el diario que golpea contra la puerta principal. Abro la heladera de dos puertas, saco los huevos, el tocino, las tostadas, la crema de maní. Prendo la mini tv y miro las noticias mientras baja la familia. Preparo el desayuno: panceta frita, huevos revueltos, café, jugo de naranja, cereales. Mis hijos desayunan junto a mi marido, pero no terminan de comer porque se hace tarde. Mi esposo me da un beso antes de irse, vestido en traje y corbata. Meto velozmente los sandwiches de manteca de maní adentro de las bolsas de papel madera y se las doy a mis chicos antes de que se vayan corriendo con sus remeras rayadas y pantalones de jean a la parada del autobús que queda a una cuadra.

bench

Sola otra vez. Tiro los restos de comida en el triturador de la pileta. Meto los platos en el lavavajilla, bajo al sótano y saco la ropa mojada del lavarropas, la meto en la secadora y vuelvo a subir. Suena el teléfono, atiendo en la cocina. Me paseo ordenando todo lo que quedó en la mesa de desayuno mientras el cable enrulado se extiende metros y metros a lo largo de la habitación. Corto: era mi mejor amiga. Más tarde vamos a hacernos la manicura. Cruzo el garage, me quejo por el desorden- está lleno de cajas, herramientas y bicicletas. Abro la puerta con el control remoto, me meto al auto familiar y salgo hacia la calle. Los tachos grandes de basura me hacen acordar que sería una buena oportunidad para tirar lo que tengo guardado en el ático. Bueno, quizás más tarde.

Recorro las calles, espero con paciencia cada vez que el semáforo negro -colgado en la mitad de la calle- me avisa que tengo que frenar. Llego al súper, estaciono. Hago las compras de la semana: bidones de leche y de jugo, latas de bife, baguettes, cajas de cereales, mucho pollo, costillas de cerdo, helado en tarro, ketchup en botella, packs de cerveza y comida congelada. Llego a la caja, saco la chequera, pago, y meto los víveres adentro de gigantescas bolsas de papel. Cargo todo en el baúl, y me voy a mi casa. Llego, reviso el correo, dejo las llaves junto a las revistas y cartas en la mesita del recibidor y le doy play a los mensajes de la contestadora.

Suspiro, el día va a ser largo. Todavía me falta ayudar a mi hijo mayor con su proyecto de ciencias (un volcán), hacer las camas, preparar snacks para mi marido y sus amigos que se juntan a mirar un partido de baseball, lavar la ropa de mi hijo que mañana juega con su equipo de primaria al soccer, ir a la peluquería, y mandar las tarjetas de fin de año a todos mis conocidos. Como se pasaron las semanas, ¡ya llega Acción de Gracias! En menos de un mes tenemos que ir comprar el pino y los adornos de Navidad, ir al acto de fin de ciclo de la escuela y viajar a la casa de mis padres a pasar Año Nuevo.

No, definitivamente la vida americana no es fácil.

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8 nov 2010

¿Todo tiene que ser un problema?

 

Resulta que tengo una eterna discusión con amigos acerca de las reglas de etiqueta en el Messenger:

yo sostengo que si la conversación con un contacto se diluyó hace por lo menos media hora y decido desconectarme, no tengo obligación de saludarlo porque, obviamente, la charla tácitamente llegó a su fin hace rato. Sin embargo, tengo amigos que sostienen que sí, que debo saludar igual porque nunca se dio un fin formal a la conversación.

Abro el debate, necesito sus opiniones. Prometo no juzgar a los que estén en desacuerdo conmigo si no me juzgan a mí por estar tan al pedo. Cheers!

 

Ahh, la duda

6 nov 2010

Mejor no invites a la jodida

 

Típico, cuando decido NO asistir a un evento social (fiesta, reunión, etc.), los organizadores me insisten diciendo: “vení, la vas a pasar bien, vas a ver que va a estar buenísimo”.

Muchas veces no resulta así –dah!- porque es imposible predecir semejante desenlace. Es más, hasta me animaría a decir que la mayoría de las veces que vamos por insistencia terminamos pasándola como el culo (razón por la cual no queríamos asistir en primer lugar).

La próxima vez que alguien me presione con ese argumento de que la voy a pasar bomba, le voy a dejar muy claro que dicha afirmación va a ser considerada de mi parte como un contrato verbal. Y que de no cumplirse, esperaré algún tipo de compensación.

¡Hum! Así van a aprender.

 

Sixteen candles

4 nov 2010

Aplausos, por favor

 

Propongo que las próximas elecciones sean con aplausómetro. Basta de voto secreto, basta de gastar papeles, basta de hacer colas, basta de que griten tu segundo nombre frente a un montón de gente desconocida que te mira con ojos juzgadores.

Es el momento de ir por el cambio: el día de las elecciones, hagamos rondas de aplausos en intervalos de diez minutos, que sean medidos por un aplausométrico profesional.

Busquemos la diferencia. Es nuestra oportunidad de luchar por una sociedad natural.

¡Adelante!

clap clap