El sábado me quedé mirando un reality de chefs en no me acuerdo que canal, y quedé sorprendida por el nivel de violencia y mala onda de los cocineros. Eso me llevo a recordar otros cocineros, como los del canal Gourmet. Y me parece que sí, que es cierto: los chef son mala onda.
No todos, por supuesto. Los que trabajan en comerciales, como el morocho del queso crema, el petiso de los caldos Knorr y el pseudo italiano de la pasta candeal no parecen ser tan ortivas. Y tampoco ningún amigo de ustedes que sea chef, por supuesto.
Pero todo el resto, sí. Siempre serios, con cara de culo, explicando los pasos de la receta como si fuera el mecanismo de desarme de un explosivo.
Me parece que su mal humor se debe a su profesión. Seguro que cuando empieza la carrera, son gente feliz que sueña con cocinar y repartir la alegría por el mundo. Pero el maltrato militar de los profesores que les exigen cortar la cebolla a 0.1 segundos por aro, los vapores y calores, el fuego incesante, la sucesión de animales que tienen que deshuesar, pelar y cortar, los nombres ridículos de los platos, la cantidad de vinos que se toman, y las horas que dedican cocinando para que uno se coma el fruto de su esfuerzo en 5 minutos, los vuelve seres malvados y sin humor.
Yo sabía. Por eso no me gusta cocinar.
