29 sept 2009

Existencialismo

El escritor musical Nick Hornby, dijo alguna vez: "… lo que nos define como personas no es lo que somos, sino lo que nos gusta."
(El que no vio la película High Fidelity, debería hacerlo.)



Cuando mi mamá estaba embarazada de mí, se ponía los auriculares en la panza y repetía una y otra vez temas de Kate Bush: me crié escuchando mucha, mucha música. Mi viejo llenaba las habitaciones de mi casa con todo tipo de bandas e intérpretes. El 95% de la música era oriunda de Inglaterra. El 5% restante, de USA y algún que otro país europeo. En mi adolescencia escuché todo el rock nacional (obviamente)  que hubo y hay en el mercado.


Mi abuela y yo mirábamos unas dos películas por día. Ir al videoclub era más común que ir al almacén.


Mi abuelo me regaló cientos de libros. Leí todos los cuentos infantiles existentes. De adolescente me leí los otros.


Mi tía me enseñó a jugar con la Mac cuando yo tenía unos 7 años, y para ese entonces en la PC solamente se podía jugar a la viborita.


Fueron 28 años de absorber todo lo que me dieron, y realizar un riguroso proceso de selección.


Hoy sé lo que me gusta. Sé distinguir lo bueno de lo berreta, porque tragué tantas cosas, que aprendí a elegir.
Seré una shegua (sí, con sh),  porque juzgo a la gente por lo que le gusta. Pero la verdad, no me importa.
Sé que escuchando a Arjona no podés ser tan feliz como lo soy yo en este momento, escuchando a Tom Petty.

27 sept 2009

La p*** que lo parió

 

Ando perdida entre los mares de las renovaciones web. Anduve yendo y viniendo con los colores, el header y toda la bola. Hice pruebas, guarde la plantilla original, pedí opiniones.  Y resulta que hoy, que me levanté determinada a cambiarla de una vez por todas, Blogger anda mal.

Así que me voy con mi frustración a otra parte. Probablemente a lo de mi hermana, a tomar mate y ver los últimos capítulos de mis series preferidas, los cuales descargué de la web. La misma web que hoy me negó el intento de pegarle un cambio a mi modesta paginita.  

Después vuelvo. ¡Y feliz domingo para todos!

17 sept 2009

Ortiva de naturaleza

 

No tengo una razón, pero si me tengo que sincerar, siempre odié cuando la gente -en los cánticos grupales de boliche- modifica o anexa una frase a la canción que está siendo cantada. Las más conocidas son parte del rock nacional, como Los Pericos y Nada Que Perder (Prendete una chala que está todo bien), Mil Horas (¡Boludo!) o La Bestia Pop (¡Vamo’ lo’ Redó!). Cuando escucho a las 200 personas gritar eso, dejo de bailar y me siento. Me produce el mismo efecto que la música brasilera.

Los agregados a los temas internacionales me resultan tan aberrantes que creo haberlos reprimido. Solamente me acuerdo de Funkytown (Salchicha y Kétchup). Creo que eso es trauma suficiente.

10 sept 2009

Pregunta No 6

¿Qué pasa con los micrófonos de los noticieros que no evolucionan tecnológicamente? ¿Hasta cuando con la goma espuma? ¿Hasta cuando?

A ver si la RAE se hace cargo, loco

De las diferencias de género que aún perduran, hay una en especial que me pone loca, (loca del tipo que quiero hacer una quema de corpiños frente al edificio municipal).
¿Porqué tanta discriminación en torno a los términos utilizados para la denominación de los cónyuges?
He aquí la pequeña lista de términos que existen hoy en el mercado gramático, y lo que cada uno de ellos produce en mi ya exacerbada imaginación. Sí, hoy estoy bastante rompe pelotas.


1- Mi novio. Tiene una connotación adolescente. De trotar por la colina de la mano, y tirarnos a mascar una espiga de trigo bajo la sombra de un frondoso árbol. El mismo árbol en el que luego grabaremos nuestras iniciales encerradas en un corazón. Cada vez que lo uso, me siento un poquito más boluda.


2- Mi pareja. Término utilizado por sexólogos. O por viejas de 50 años divorciadas, que van a los boliches retro a ver que enganchan para llevarse al privado, al ritmo de los incomparables Bee Gees. No lo uso porque me siento como en el programa Causa Común, explicándole mis problemas a María Laura Santillán.

3- Mi marido. Título que utilizan todas las minas que no están casadas. Y que encima juran y perjuran estar en contra del casamiento. Lo hacen aún cuando todos sabemos que es una vil mentira, que mueren por una ceremonia con arroz, palomas y luna de miel en Cancún. A este término no lo uso porque me hace sentir hueca. Muy.


4- Mi hombre/chico. De gato que se viste con Sarkany. O de mina que anda con el tipo casado que labura con ella en el banco. O de vejeta que se come un pendejo y después le cuenta a las amigas en el shopping, á la Sex and the City. Simplemente no lo uso porque me hace sentir una boluda Cosmo.


5- Concubino. Es cosa de borrachos. Y de gente con problemas. Creo que no merece mucho más.
(Los términos viejo, papi, gordo y corazón merecen un post aparte.)


Obviamente, (y porque el mundo es tan justo), los hombres pueden decir mi mujer, y quedar como unos duques. O, si no están conformes, elegir entre el siempre horrible mi señora o el número uno de los términos que me cagan la vida: mi esposa.


Es por eso que pido una comunión de los géneros, y que todos, tanto hombres como mujeres, intentemos encontrarle una vuelta al asunto. Empecemos la campaña Por un término como la gente. Yo sé que podemos.



5 sept 2009

A la Madonna!

Estoy tratando de cambiar el diseño del blog. Lo cual requiere de navegar en 1546465465 páginas de ayuda con css y html, motivos y pinceles para photoshop, botones, headers y demás accesorios.

No es fácil, pero es motivador. Me gustan muchas cosas, y obviamente que no puedo meter todo, así que el proceso de descarte es tan complicado como toquetear la plantilla de blogger.

Nevertheless, los cambios siempre renuevan. Madonna lo sabe.

El que mucho abarca poco aprieta

 

Siempre odié los siguientes términos:

  • amigovio
  • pendevieja
  • marimacho
  • trolebús
  • chupamedias
  • cantobar

El español no tiene perfil para el todo-en-uno.

1 sept 2009

El perro no me lee, doctor

Mi novio intentaba ahuyentar a un perro callejero que suele meterse a jugar en el estacionamiento de los edificios en donde vivimos.
Le gritaba, “¡Te fuiste! ¡Chau!.”
Y el perro lo miraba.
No me quedo otra que avisarle: –Mauri, los perros no entienden de tiempos verbales, sarcasmos o ironías. Sólo de imperativos.
Me miró, y le gritó, “¡Fuera de acá!” Y el perro rajó.
Ténganlo en cuenta.

Pregunta No 5

 

¿Porqué hay tantas publicidades con música de ópera? ¿Está de moda? Espero que no, porque es insoportable.