28 dic. 2011

El mundo es un pañuelo

 

Siempre cuento las vicisitudes de vivir en una ciudad chica como Ushuaia, porque me resulta divertido como todas las personas que conozco se relacionan entre sí de algún modo u otro.

Vamos con un nuevo caso:

Este verano volví a trabajar en el local en el que trabajé durante 7 años y al que renuncié cuando me puse a estudiar. Volví para hacer unos mangos durante la temporada y para hablar un poco en inglés con gente que realmente habla en inglés.

Bueno. ¿Se acuerdan del huevero hippie? No les volví a contar de él, pero sigue viniendo cada 15 días. Su hippez está a punto caramelo: a veces se cuelga con la ducha, a veces se cuelga con la charla, y a veces simplemente se cuelga.

La última vez que vino a mi casa, haciéndose el amigo fatal, me preguntó que iba a hacer durante el verano. Le conté que volvía a trabajar en comercio, y cuando salió el tema del local en el que trabajo, me dijo: “Uhh, nos vamos a ver, yo voy siempre a dejarles cambio.”

Damn.

Desde que arranqué a laburar, el huevero hippie no apareció. Pero hace una semana, charlando con mi encargado –quién by the way es amigo mío- me entero que el huevero no sólo pasa a dejar cambio, sino que a una ex-compañera de trabajo le regaló un porro.

A mi ex-compañera no la echaron, renunció por diferentes razones. Nonetheless, me interesa saber como fue mutando la conversación para que el huevero le termine regalando un faso. En su laburo. Con sus jefes al tanto.

Por otro lado, me asombra como el mismo huevero sigue apareciendo en mi vida lo suficiente como para que estemos hablando de él mientras acomodamos las postales.

Y por último, y aunque no se necesita ser Sherlock, es emocionante para mí saber que estaba en lo correcto cuando sospechaba que el huevero me vendía los huevos fumado.

(Not that there’s anything wrong with that.)

 

pot

3 comentarios :

Anna Scott dijo...

A mi me interesa saber como fue que llego el huevero hippie al negocio en donde trabajas, que seria en todo caso, el inicio del meollo que continuaria con el porro y con los huevos fumados, sin antes tratar de analizar porque a mi casa, nunca pasa nadie vendiendo maples de huevos ....ni fumados ni sin fumarse...

Ciruela dijo...

Pienso en el huevero y quiero gritar "dale duro Otto, Dale duro Otto" jajajajajaja
a mi tambien me gustaría saber como mutó esa conversación eh, si te enteras contá

Mariana Lola dijo...

Pasó el huevero ayer por casa con la música al mango maaaaaaal. Más fumado que nunca.